Los balnearios combaten el estres diario

Buena Percha: ¿Cuándo fue la primera vez que asistió a un balneario?
Antonio: El año pasado, sufro muchos dolores de espalda y me lo recomendaron. La primera vez asistí al centro de Spa Mas que Agua en Madrid y no me imaginaba la satisfacción y los beneficios que me aportaría. Ahora que han abierto un balneario urbano en mi localidad acudo cada fin de semana, como pertenece al Ayuntamiento es más económico y las instalaciones están muy bien.
BP: ¿Cuáles son los tratamientos habituales que disfrutas en el Spa?
Antonio: Suelo elegir circuitos de agua. Primero paso por la piscina de hidromasaje, el objetivo es la relajación muscular y la vasodilatación, mediante chorros que recorren la espalda de las lumbares a las cervicales y me alivian los dolores que padezco. Luego acudo al baño turco, una habitación muy caliente que disuelve aceites esenciales y que limpia las vías respiratorias e hidrata la piel. Por último, consta de un pasillo de cantos rodados que activan la circulación de los pies. Después de una hora en el balneario salgo como nuevo.
BP: ¿Cómo cliente habitual conoces las diferencias que existen entre balneario y Spa?
Antonio: Sí, el Spa es un balneario urbano para la relajación que nos permite a precios para todos los bolsillos recuperarnos del estrés diario y mejorar nuestra salud. Suelen ofrecer tratamientos de hidroterapia como saunas o baño de vapor, además de tratamientos de belleza mediante técnicas naturales, aromaterapia y masajes. Sin embargo, los balnearios tradicionales son estaciones termales que disponen de aguas mineromedicinales, personal médico e instalaciones adecuadas para cada tratamiento. Estos balnearios ofrecen servicio de alojamiento donde pasar unas vacaciones rodeados de plena naturaleza. Además ofrecen todo tipo de servicios como gimnasios, pero el precio siempre es bastante más elevado, aunque merece la pena.
BP: Por lo que veo eres todo un experto, ¿alguna vez has destinado tus vacaciones a pasar una estancia tranquila en un balneario?
Antonio: Sí, el verano pasado. Cansado de ir cada año a la playa decidí cambiar y aposté por una semana de relajación en el precioso Balneario de Panticosa en Huesca. Está en un paraje natural muy bonito y tranquilo, pudimos usar sus fantásticas instalaciones deportivas y disfrutar de un clima muy agradable. Me fui del balneario sin dolores, relajado y con fuerzas para la vuelta al trabajo.Ya estoy preparando otra escapada para Semana Santa.
BP: Antes se asociaba el uso de balnearios a personas con avanzada edad y con problemas de salud ¿consideras que este pensamiento ha cambiado?
Antonio: Cuando visite por primera vez un balneario pensaba que sólo habría personas mayores o con dolencias como yo, pero no fue así, había bastante gente joven. La mayoría han descubierto un lugar donde relajarse y evadirse cansados del ajetreo diario de la ciudad. En un principio acudí al balneario por problemas de salud, ahora voy porque creo que es esencial hacer un hueco en la agenda para cuidarse, desconectar y renovar fuerzas.
BP: ¿Crees que el estrés de la vida diaria es la principal causa de la proliferación de centros de Spa?
Antonio: Sin duda. El estrés y el agotamiento diario que padecemos hacen necesario acercar los balnearios a las ciudades, ya que se encuentran muy lejos. Los centros de Spa te permiten en menos de una hora, sin moverte de tu localidad y a un mejor precio recuperar todas las energías gastadas durante la semana, por eso tienen tanto éxito.
BP: Después de tu grata experiencia, ¿a quién recomendarías asistir a un balneario urbano?
Antonio: Se lo recomiendo a todo el mundo, después de probarlo se van a dar cuenta que por muy poco dinero y tiempo su calidad de vida es mejor.
Foto1: Antonio en su viaje a Panticosa (foto cedida por Antonio)











Las manoletinas o bailarinas, que Audrey Hepburn popularizó en la película Sabrina, ocupan un lugar privilegiado en los escaparates de las firmas más prestigiosas y es el complemento que no falta en el armario de toda mujer. Nacidas para la danza, el cine las traslado a la calle y desde entonces también se las conoce como “sabrinas”. Las generaciones más jóvenes no se resisten a la tentativa de bajarse de pedestales y subirse a la moda Hepburn con un zapato cómodo que a pesar de la ausencia de tacón estiliza la silueta.


